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05/10/2006
Capítulo 2 - La Mente
Tema: Viaje al interior de la mente
(Ver capítulo anterior de este tema)
Nuestra mente es única, pero se ha desarrollado dentro de una estructura general que compartimos con el resto de los humanos, lo mismo que ocurre con nuestro cuerpo. Como él se compone de una multitud de partes que deben funcionar de una forma armónica y sincronizada. De esta armonía depende su salud que es más difícil de mantener que la del cuerpo debido a ideas ajenas introducidas en la misma desde edad muy temprana.
Estos elementos que integran la mente fueron surgiendo a lo largo de la evolución, y cada grupo ocupa una zona del cerebro que, a groso modo, rodea y envuelve a la anterior.
Los más antiguos son los automatismos y reflejos, que compartimos con todos los animales. Siguieron los instintos y luego vinieron las emociones lo que constituyó un considerable avance.
Las emociones precisan de una memoria ya muy desarrollada para poder comparar con su contenido la información que nos llega del exterior a través de los sentidos y desarrollar consiguientemente una reacción más elaborada que la que nos dan los reflejos e instintos. Una parte de las emociones, los sentimientos, resulta imprescindible desde que algunos animales, mamíferos y otros, comenzaron a cuidar de sus hijos y a formar sociedades.
En la capa más externa del cerebro reside el pensamiento que inicialmente fue de asociación de ideas (como noche o desconocido con peligro) llegando posteriormente al razonamiento lógico, al menos en la especie humana. Para hacerlo posible nuestra memoria ha llegado a un tamaño tan considerable que, por comparación, deja como insignificante a la de los mayores discos duros de nuestros mejores ordenadores, nada extraño si comparamos el número de nuestras neuronas y sus enlaces con el de circuitos que contienen los ordenadores.
Sin la memoria no seríamos nada, y es en sus abismos donde vamos a bucear en nuestro viaje al interior de nuestra mente. Allí se encuentra nuestra historia personal, cuanto conocemos y podemos recordar y también todo aquello cuyo acceso queda fuera del alcance de nuestra voluntad consciente. Allí se encuentran asimismo en zonas cada vez más oscuras parte de nuestras emociones y de nuestros sentimientos, ideas mejor o peor construidas, y un gran número de conceptos que fueron introducidos en nuestra mente por otros y que son precisamente el mayor obstáculo con que vamos a tropezar durante el viaje que nos disponemos a emprender.
(continuará)
12/10/2006
Capítulo II - Luz y colores
Tema: Comprender lo incomprensible
(Ver capítulo anterior de este tema)
Vamos a comenzar a distanciar nuestro conocimiento de la servidumbre de las imágenes utilizando otra buena herramienta, el lenguaje, mediante definiciones, lo que nos permitirá entrar de una forma comprensible en el campo de las abstracciones, aunque sin llegar al nivel que los científicos obtienen a través de las matemáticas. Para ello lo mejor es comenzar por la esencia misma de las imágenes, la luz y los colores.
Sabemos perfectamente que la luz no es más que una pequeña gama de las radiaciones electromagnéticas que se diferencian unas de otras por su frecuencia. La frecuencia crece de forma constante y uniforme pero sus distintos tramos producen efectos completamente distintos, rayos equis, microondas, ondas de TV y de radio, rayos infrarrojos, luz, rayos ultravioleta, etc. Lo único que hace diferente a la luz, para nosotros, es que uno de nuestros sentidos la utiliza.
En cuanto a los colores no existen fuera de nuestra mente, cada uno de sus matices es simplemente una frecuencia ligeramente distinta de las inmediatas y los cuerpos no poseen color, sólo la capacidad de reflejar o no determinadas frecuencias, dentro y fuera de la gama de la luz. Algunos animales ven en una gama algo distinta de la nuestra que comprende bien una porción de los rayos infrarrojos, bien una porción de los ultravioleta, ¿como son estos colores que ellos perciben?, la pregunta no tiene sentido, la representación en su cerebro de estas frecuencias y de las que nosotros vemos queda fuera de nuestro alcance.
Tampoco es cierto que los distintos colores estén formados en la naturaleza por la mezcla de tres básicos, cada matiz tiene su propia frecuencia incluidos los que llamamos básicos que en nada se diferencian de los otros. Lo que ocurre es que nuestros ojos sólo tienen tres tipos de receptores cada uno de los cuales reacciona plenamente frente a un color básico y parcialmente frente a los intermedios, para nuestra visión es indiferente que nos llegue una sola de estas frecuencias o dos o tres de las básicas en la proporción adecuada.
Con lo expuesto creo que habrá quedado suficientemente desmitificada la idea inconsciente que todos tenemos de la naturaleza de la luz y los colores y con ello resaltada la relatividad de las imágenes. Nada de esto resta utilidad a nuestra práctica de mezclar siempre colores básicos para obtener los restantes en nuestras computadoras y fotografías. Tampoco debe incitarnos a desconfiar de las imágenes que percibimos y que son para nosotros la mejor representación del mundo real, en nuestro entorno habitual. Pero nos permitirá hacernos una idea más clara cuando nos alejamos de dicho entorno para aventurarnos más lejos en la consecución del conocimiento.
Lo primero a lo que nos enfrentamos en esta apasionante aventura es con aquello que no percibimos simplemente por tener un tamaño demasiado pequeño o por encontrarse demasiado lejos, este problema ha sido resuelto, hasta cierto nivel, con los microscopios y los telescopios, ya que por lo demás sus imágenes son idénticas a las que percibimos directamente.
Pero ¿como visualizar por ejemplo la composición de un átomo?, las partículas que los componen no son cuerpos como los que vemos y tienen propiedades distintas. Recurrimos a un modelo basado en una imagen, podemos representar el átomo como un conjunto de bolitas que forman su núcleo con otras mucho más pequeñas que giran a su alrededor, pero sabemos que esto es totalmente falso y que las leyes que gobiernan en nuestro entorno y en otros más amplios el movimiento de un cuerpo alrededor de otro no son ya aplicables. El modelo es bueno para ayudar a nuestra memoria y comprensión, pero tenemos que cuidar de no confundirle con la realidad.
Más lejos los modelos basados en imágenes dejan de sernos de utilidad y tenemos que limitarnos a comprender la realidad a través del lenguaje mediante las definiciones, o si somos capaces, a formular modelos matemáticos.
(continuará)
19/10/2006
Cápitulo 3 - Iniciando el viaje
Tema: Viaje al interior de la mente
(Ver capítulos anteriores de este tema)
Lo primero es remover los obstáculos artificiales que nos lo impiden. Siendo niños cuando no teníamos la capacidad de razonar y de aceptar o rechazar como falso lo que nos decían, la sociedad, a través principalmente de nuestros padres, hizo que nos inculcaran una serie de ideas y juicios de valor preestablecidos, acordes con un modelo standard propio del país y de la época en que por azar hemos nacido.
Se comprende, pues alguien tenía que decidir por nosotros en nuestro comportamiento. El mal estriba en que han perdurado en la edad adulta, en que los utilizan los dirigentes de la sociedad en que vivimos para manipularnos y, especialmente, en que van asociados a emociones que tratan de impedir el que se pongan en duda y nos crean malestar cuando nuestros actos no se ajustan a ellos.
Hoy cualquier persona culta sabe perfectamente que este modelo compuesto principalmente por normas sociales y una religión y su moral es completamente distinto en otros países y lo fue en otras épocas. Por añadidura está anticuado y obsoleto dada la rapidez con que se suceden los cambios actualmente. ¿Porqué pues no le desechamos o al menos le revisamos? Sin duda a causa de las emociones unidas a estas ideas que lo obstaculizan y a la costumbre de haberlas considerado ciertas desde siempre.
Si de verdad queremos conocernos a nosotros mismos tendremos que hacerlo. De lo contrario cada vez que nos tropecemos con algún aspecto de nuestra personalidad, sentimientos, emociones, deseos, gustos, etc. que no se ajusten al modelo nos negaremos inconscientemente a verlo empujándolo aun más lejos en la zona oscura, en el subconsciente. Y cada vez que un razonamiento lógico entre en contradicción con el susodicho modelo le desecharemos.
Pocos son hoy los que mantienen en su integridad todo este sistema de juicios de valor y creencias preestablecidos, les aplicamos el adjetivo peyorativo de "fanáticos" pero sería más humano el compadecerles, sin perjuicio de tener cuidado cuando tratamos con ellos.
La mayoría de los habitantes de los paises cultos han modificado en su fuero interno una parte mayor o menor de este modelo, lo más burdo, conservando otra, la que conlleva emociones más intensas. El resultado son contradicciones internas que pueden amargar su vida y que en ocasiones las incitan a no pensar.
En el otro extremo también son pocos los que han desechado totalmente el modelo sustituyéndole por otro de elaboración propia. En cuanto a nuestro caso particular es mejor que no nos hagamos demasiadas ilusiones, si realizamos el viaje hacia el interior ya lo veremos.
Todo lo hasta aquí expuesto, y su continuación, se lee en poco tiempo pero si vamos a realizar el viaje, llevando la luz hasta las profundidades de nuestra mente, necesitaremos dedicarle mucho más, meses, quizás incluso años, depende de nuestra situación personal. El ideal es adquirir la costumbre de dedicarnos a pensar sobre nosotros mismos en momentos destinados exclusivamente a ello y de forma periódica.
(continuará)
25/10/2006
Capítulo III - Seudociencia
Tema: Comprender lo incomprensible
(Ver capítulos anteriores de este tema)
Al llegar aquí es necesario hacer un inciso para desenmascarar a los que, deliberada o involuntariamente, se dedican a embrollar y crear confusión en el delicado asunto del conocimiento. Utilizan el método de emplear palabras científicas dándolas un significado arbitrario y fuera de su definición correcta, en la esperanza de deslumbrar con ellas a quienes no tienen muy claras estas definiciones.
La más usual es la de energía, sin especificar de cual de sus múltiples modalidades se trata, calorífica, cinética, eléctrica, etc., y usándola fuera de las definiciones de todas ellas. Si pretenden que se trata de una nueva modalidad conocida por ellos pero no por los científicos, ¡algo bastante difícil!, deberían darnos una definición y explicar de donde procede y de que forma se transforma en las demás. Para colmo le aplican los adjetivos de positiva y negativa. La energía no es ni positiva ni negativa, tan sólo pueden serlo los valores de las unidades que empleamos para medirla. En realidad los charlatanes hacen equivalente estos adjetivos a bueno y malo, algo totalmente ajeno a la física.
Estos absurdos no impiden que algunas personas, demasiadas, crean que hay gentes capaces de soltar a través de las manos o de los ojos un chorro de esta misteriosa energía y curar con ella. Naturalmente sólo curan enfermedades psicológicas como la depresión, nunca lo han conseguido con huesos rotos o restablecido un miembro amputado.
¿Y que decir de los que pretenden que la posición aparente de las estrellas (vistas desde nuestro planeta, puesto que vistas desde otro lugar las constelaciones serían completamente distintas) puede tener relación con el futuro de una persona? No merecen ni un comentario.
A efectos prácticos podemos clasificar nuestros conocimientos en cuatro campos.
El primero es el de lo que sabemos con seguridad, referido a nuestra época y a las inmediatamente anteriores, no a los siglos y milenios que las precedieron y en los cuales todo era misterioso y las explicaciones puramente arbitrarias. Nadie en su sano juicio y con un nivel cultural suficiente puede dudar hoy de la existencia de América o de que la Tierra gira en torno al Sol. Sin embargo de cuando en cuando un genio pone en entredicho alguno de estos conocimientos consolidados, pero en realidad no le anula sino que le reduce a un caso particular dentro de un conjunto más amplio. Por ejemplo la relatividad de Einstein no quita su validez a las leyes de la física clásica, que se siguen usando como antes, las reduce al caso particular de que la velocidad no alcance unos valores desmesuradamente grandes comparados con los que podemos observar en nuestro entorno, velocidades que sólo se pueden percibir y medir mediante sofisticados instrumentos científicos. Por debajo de dicho límite los resultados sólo difieren en cantidades pequeñísimas, despreciables.
El segundo campo es el de las conjeturas e hipótesis. No se formulan a capricho sino porque dan una explicación a hechos que hasta el momento no la tenían, pero no están demostradas. Hay científicos que las formulan y otros que difieren, pero todos las consideran como provisionales y pendientes de que experimentos o estudios posteriores las confirmen o invaliden.
El tercero es simplemente lo que no conocemos. Donde únicamente podemos decir "no lo se". Sobre él se afanan los científicos para alejar sus límites.
Pero hay un cuarto que generalmente no tomamos en consideración. El inverso del primero, lo que estamos seguros de que no puede ser. Es el que nos permite rechazar de plano las tonterías de la seudociencia, y lo sobrenatural, con cierta prudencia desde luego, pero en la seguridad de que cuando haya existido alguna posibilidad de su validez, por pequeña que sea, un gran número de científicos se habrán lanzado a explorar a fondo todos sus resquicios y realizar experimentos, en la esperanza de conseguir algún nuevo descubrimiento y la fama correspondiente.
(continuará)

